Página 20 - MI LIBRO DE TEATRO

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N
ARRADOR
:
Al rato, se acercó un mendigo por el camino.
M
ENDIGO
:
(Llega hasta la roca.)
¡Una roca en el camino!
(Con voz lastimera y quejumbrosa.)
¡Lo único que
me faltaba, yo que soy tan desgraciado! ¡Ahora tendré
que sortear esta enorme roca! ¡Todo me sucede a mí!
¡Qué mala suerte que tengo!
El mendigo da la vuelta a la piedra con gran esfuerzo y se aleja.
N
ARRADOR
:
Al rato apareció un rico mercader.
M
ERCADER
:
(Llega hasta la roca.)
¡Una roca! ¡Es un
escándalo!
(Se pasea, dándose grandes aires
de importancia.)
¡Seguro que si el rey supiese
que yo tenía que pasar por aquí, habría hecho
despejar el camino! En fin, la sortearé.
El mercader da la vuelta a la piedra con gran esfuerzo y se aleja.
N
ARRADOR
:
Después se acercó una hermosa dama.
D
AMA
:
(Llega hasta la roca.)
¿Y esto? ¡Una roca
obstaculiza mi camino! ¿Qué haré ahora,
yo que soy una indefensa mujer? ¡Tendré
que sortearla, porque es demasiado grande
para que yo la mueva! ¡Además, se me
estropeará la ropa!
La dama, con movimientos exagerados, se levanta la falda
para sortear la roca y se aleja quejándose.
N
ARRADOR
:
Más tarde se acercaron a la roca dos ancianos.
A
NCIANO
1
:
(Apoyándose en su bastón, ve la roca y
se detiene frente a ella.)
¡Qué piedra más enorme!
¡Qué horror, que esto me suceda a mí al cabo
de mi vida!
(Dirigiéndose al otro anciano.)
¿Te das cuenta de que nadie se ocupa
de los viejos hoy día?
A
NCIANO
2
:
(Apoyándose en el anciano 1.)
Es verdad,
si casi no tenemos fuerzas para
movernos, ¿cómo haremos para retirar
algo tan grande? Tendremos que sortearlo.
Ven, pasemos por aquí.
Lentamente, los viejos sortean la roca y se alejan murmurando.